5 de noviembre de 2009

NEGOCIACIÓN

Me gusta especialmente un lunar en el mundo.
Me gusta el lugar de ese lunar, y es tanto lo que me colma que caigo en la inevitable tentación de querer adquirirlo, poseerlo, hacerlo tan mío como sea posible. Pretendo comprarme ese lote de cielo, de suelo, de piel y comienzo una negociación tímida, disimulada, con sonrojos. Ofrezco mis mejores artimañas, mis más trabajados logros, mis más osadas propuestas y me embarco en créditos a largo plazo colmados de intereses que anhelo comunes.
Ignorando aún si es mío, disfruto especialmente de un lunar en el mundo, sin que los brazos simulen rejas, sin que las paredes transmitan encierro. Me sumerjo en el hueco que rodea a mi pequeño tesoro de pigmentos e imagino estar en un lago que esconde en sus profundidades una única piedra, marrón y ovalada. Abrazada a su orilla me duermo por fin. La claridad de la mañana entreabre mis párpados y un beso definitivo sella el proceso contractual.

6 comentarios:

Uninvited dijo...

No sé por qué se me ocurre que no vas a seguir la especialidad de Dermatología, de esos que se encargan de extirpar cuanto manchón rebelde surja por las epidermis ajenas ;)

Flor dijo...

Ni loca. Me aburre terriblemente dermatología.

Julieta dijo...

Me encantó.

Charles dijo...

Señorita, ¿ya le han dicho que cada vez escribe mejor?

Flor dijo...

Julieta: Iuju :)

Charles: No me lo han dicho, ¿cree usted que es cierto? jaja

este dijo...

:)