5 de febrero de 2007

SUEÑO QUE SUEÑO

Una noche de insomnio no le hace mal a nadie, creo. Pero dos son demasiado. Un abuso. Un atentado a la salud mental. Una experiencia dañina tanto física como psíquicamente. Y, hasta donde yo pensaba antes de los hechos que voy a relatar, un evento poco probable.

La primera me la banqué, toda una señorita. No insulté ni a la vida ni a ninguna persona, no responsabilicé a nadie por no dejar mi cabeza en paz, no me tapé la cabeza con la almohada, no hice demasiado enriedo con las sábanas, no odié (más que de costumbre) a los mosquitos... no hice más que resignarme a que las ondas de mi cerebro no pensaban cambiar su frecuencia y me dispuse a esperar pacientemente que el sueño se apoderara de mí. Transcurrieron en esto unas cuántas horas. Finalmente sucedió: a las 7.10 AM me dormí. En realidad es una mala idea comenzar a dormir a esa hora, sobre todo si se vive en mi casa, ya que las actividades de una familia supernumerosa como la que tengo suelen ser una excelente interferencia para tal actividad. Citaré sólo un hecho a modo de ejemplo (fueron más, lo aseguro):

(8.30 Hs) Hermanita menor con voz importada seguramente del último capítulo de Barney que había visto: "Flooooorrr, hora de levantarseee".

No es difícil imaginar que a partir de ese momento fue una utopía intentar tener un sueño normal... Resultado: se hizo lo que se pudo. Después de un par de horas de ¿disfrutar? (seguro que esa no es la palabra que mejor se ajusta) de aquel sueño para nada reparador junté fuerzas y me levanté. El resto del día transcurrió de manera habitual, sólo que mi energía debía estar en un 15%... 20% siendo generosos. Mientras tanto mi cabeza repetía "No te preocupes, esta noche te recuperás".
Claro está que si hay algo que no me gusta en esta vida es llevarme mal con mi cabeza. Así que llegada la noche abandoné la vida de vigilia más temprano que lo habitual y correspondientemente armada para la ocasión (léase pijama y almohadón, previo paso por el repelente) emprendí la ardua tarea de recuperar las horas de sueño de la noche anterior. Llegué al sitio especialmente destinado para tal fin, me acomodé con más ganas que de costumbre, cerré los ojos y dije "ahora sí". Pero claro... si las cosas no sucedieran exactamente al revés de lo que esperamos el universo perdería su delicado equilibrio, o bien colapsaría el sistema de comunicaciones de las centrales de radiotaxis (cosa que nunca sabremos porque un ente superior siempre se encarga de asegurar que existan unos cuantos eventos invertidos, para no correr ninguno de los dos riegos anteriormente mencionados). Claro que la paciencia que tenía guardada en la cajita que decía "para cuando no me pueda dormir" la había agotado la noche anterior (¿cuál es el número promedio de noches de insomio que podemos tener en un período de tiempo recordable?). Así que esta vez fui la antítesis de mí misma. Sí insulté a la vida y a alguna que otra persona por no desalojar mis instalaciones mentales (entiendo que son un lugar muy cómodo y agradable, pero son mías y no acepto huéspedes, sólo visitas de una tarde, como máximo), sí me tapé la cabeza con la almohada, sí hice un terrible enriedo de sábanas, sí odié a los mosquitos más que de costumbre (sobre todo al que me picó en el peor lugar que un mosquito puede picar: la planta del pie)... también conté ovejas, repasé mentalmente mis planes para el año próximo (no es suficientemente cansador pasar por la cabeza 365 días en sólo 10 minutos), enumeré todas mis posibilidades al día de la fecha, intenté ver televisión (cualquier parecido con hechos reales son obra pura de la casualidad), miré por la ventana con la cabeza al revés, conté todas las estrellitas de "Danonino" que mi hermanita pegó en el techo, canté mentalmente, me levanté y caminé hasta la cocina unas 5 veces. Nada dió resultado (obviamente, sino el relato hubiera terminado antes). Pasadas unas 4 horas de haberme acostado, habiendo sucedido todo lo relatado, estaba a punto de dormirme (el enano verde que a veces se me instala en los sillones del hipocampo me decía: "dale que vos podés") y ¡Puuum! Viento que entra por la ventana = Portazo en la habitación. Resultado: 45 minutos más. Podría haber sido peor. Finalmente, transcurrido el brevísimo lapso y todos los eventos que durante él se sucedieron, me dormí.

Nunca pensé que algo tan simple de repente se pudiera volver tan dificultoso.
Esperemos que esta noche sea mejor, por las dudas ya me grabé un Cd entero con el Arrorró.

3 comentarios:

Meru dijo...

aaaaaaaaaaaaaaaaay.. qué hermoso que es poder dormir!
Yo hace un par de noches que no puedo hacerlo bien, pero "calavera no chilla" y me tengo que quedar callada.! ¬¬

Saludos! xD
(y mis mejores deseos de sueño (?) )

Max dijo...

eso te pasa por andar mirando tanto GH... :)

Flor dijo...

Ah claro... yo tenía que dormir poco como ellos ¿eh?